Los últimos datos sobre la industria y la construcción alimentan el debate en relación con la necesidad de hacer una pausa en la lucha del Gobierno contra la inflación y permitir que se reanimen, al menos parcialmente, las actividades vinculadas al mercado interno, sobre todo con la mirada puesta en las elecciones de 2027.
Para el oficialismo, apartarse del credo fiscal es pecado mortal. Esta semana, el ministro de Economía, Luis Caputo, dijo ante estudiantes de la Universidad Torcuato Di Tella: “Hemos tenido 22 crisis, de las cuales 20 tienen origen fiscal. Por lo tanto, creo que no hay opción. La Argentina tiene que generar un nivel de credibilidad que solo se puede lograr mostrando resultados”.
En ese sentido, Caputo agregó que “siempre se ha especulado con un ‘plan platita’ porque vienen las elecciones”, pero consideró que “lo que quiere la política es manejar un negocio y ahí se distorsiona todo”.
El ministro de Economía aspiraría a mantener la credibilidad del mercado, aunque ello implique perder votos. Más allá de lo que supone el titular del Palacio de Hacienda, la evaluación del público sobre la situación económica actual se mantiene en valores similares a los de los últimos tres meses, según señala la consultora D’Alessio Irol.
“Un 66% de los encuestados considera que la situación está peor que el año pasado, mientras que un 33% cree que está mejor. Las expectativas económicas para el año próximo cayeron dos puntos en ambas direcciones: un 37% de la población cree que la economía estará mejor dentro de un año y un 59% evalúa que estará peor”, advierte la consultora en su último informe.
El mismo informe plantea: “En cuanto a la percepción sobre la situación económica personal, el 67% de los encuestados percibe que está peor posicionado económicamente respecto del año anterior, un punto más que el mes previo”.
El mercado en alerta
En el mercado empiezan a sonar algunas alarmas. Si bien para Caputo la clave del año próximo es que las elecciones se desarrollen en un clima “tranquilo” —lo que equivale a estabilidad cambiaria—, el “drive” de la actividad también entra entre las variables que evalúan los operadores del mercado. El temor es que haya un descontento tan alto que sea capitalizado por la oposición.
Está claro que desde el Gobierno se trató de convencer a todos sobre perspectivas mucho más optimistas de las que finalmente se dieron en la realidad. “Se vienen los mejores 18 meses de la historia económica”, repetía Caputo a todos los interlocutores que tuvo durante el primer semestre de 2026 y que le iban a pedir medidas para paliar la crisis. La duda es si puede haber un cambio en la situación que permita llegar a 2027 en un contexto más favorable para el oficialismo.
Pablo Moldovan, de la consultora C-P, señaló a Ámbito que “la baja de la inflación está ayudando a que los ingresos, como salarios y jubilaciones, dejen de caer”. “La economía, se puede decir, está migrando en los últimos tres meses de un proceso de ajuste y caída de los ingresos a uno de estancamiento”.
“Eso convive, en particular, en algunos sectores, como son los casos de la industria, el comercio y la construcción, con algunas cuestiones muy particulares que hacen que uno tienda a ser más pesimista”, expresó el economista.
Con relación al mediano plazo, Moldovan consideró que “la economía va a dejar de caer, sobre todo en el 80% del PIB que no corresponde al petróleo, la minería y el agro, y empezaría suavemente a estabilizarse en estos niveles bajos en los que quedó, aunque las perspectivas puntuales para la industria y la construcción son malas”.
La recuperación económica es divergente
La consultora Sistémica indica, en tanto, que “transcurridos casi tres años de la actual gestión, ya es posible analizar el modelo económico en función de las políticas aplicadas —y las no aplicadas—”.
“A esta altura, queda claro que no estamos solamente frente a una mala herencia recibida, cuando la necesidad de priorizar el ordenamiento fiscal y cambiario era imperiosa, sino ante un programa de política económica con impactos preocupantes sobre el entramado productivo”, advierte la consultora.
Sistémica, que dirige el economista Federico Poli, plantea que “se consolidan dos Argentinas a partir de un modelo anclado en la fragmentación de la economía real”. “La recuperación económica está siendo divergente: mientras siguen al alza los sectores intensivos en recursos naturales, aquellos vinculados al mercado interno, el consumo y el empleo mantienen indicadores recesivos”, dice en su último reporte.
Industria y construcción siguen de atrás
No obstante, Andrés Reschini, director de F2 Soluciones Financieras, sostiene que “más allá del mal dato de julio, estos sectores —industria y construcción— no parecen estar atravesando un año con un crecimiento muy alejado del promedio”. “El problema es que nunca lograron recuperar el nivel previo a la caída de 2023/2024 y esto hace que la recuperación se demore todavía más”, explicó.
En ese sentido, la consultora Qualy plantea que “la coyuntura reciente cristaliza un reacomodamiento asimétrico que fragmenta el entramado productivo”. “Los segmentos anclados al mercado doméstico continúan absorbiendo el impacto del ajuste macroeconómico, lidiando con un consumidor altamente selectivo y un palpable freno en la inversión”, dice la entidad.
En su último reporte, Qualy indica que “bloques sensibles como la industria, la construcción y el comercio minorista no logran quebrar la inercia recesiva”, acorralados entre una demanda deprimida, mayores costos estructurales y el constante acecho importador. “Esta encrucijada erosiona la rentabilidad y empuja a las compañías a atrincherarse en esquemas de contingencia: recorte de turnos, liquidaciones de stock, migración hacia servicios de mantenimiento y cuidado de la liquidez operativa”, dice el reporte.
Creció la mora de las pymes
La crisis que atraviesan los sectores proveedores del mercado interno se refleja en el incremento de la mora crediticia. Según un estudio de Equilibra, el monto irregular de las pymes pasó del 0,7% en noviembre de 2024 al 3,7% en julio pasado. Si bien creció, representa menos de la mitad del pico del 8,1% registrado a comienzos de 2020, cuando se produjeron el default de Vicentín, el cepo y la cuarentena.
En ese marco, se observa que la morosidad es mayor entre los sectores perdedores del nuevo esquema económico, mientras que la irregularidad es menor en las actividades ganadoras, entre las que se destacan minería y energía e intermediación financiera.
La construcción y el comercio lideran el ranking sectorial de créditos en mora, con el 7,7% y el 6,5% del total, respectivamente. En cambio, la irregularidad en la industria —sector que conforma, junto con los dos primeros, el tridente de actividades cuyo nivel se ubica por debajo de 2023— apenas supera la media del crédito a empresas, con el 3,7%.