La Santa Sede estudia un posible milagro de Esquiú

 

Hoy se cumplen 191 años del natalicio del Venerable fraile catamarqueño Mamerto de la Ascensión Esquiú, quien vio la luz de este mundo, por primera vez, el 11 de mayo de 1826, en el humilde hogar de La Callecita, Piedra Blanca, en las tierras de la Morena Virgen del Valle.

A casi dos siglos de aquel día, la vida ejemplar que nos regaló a las sucesivas generaciones, a través de su legado de fe, humildad, sensibilidad social y compromiso ciudadano, hoy lo pone en el camino hacia los altares con perfume a santidad.

Cuando aún está fresca en nuestro corazón y en nuestra retina la canonización del primer santo argentino, El Cura Brochero, de quien Fray Mamerto Esquiú fue padre y pastor siendo Obispo de Córdoba, nuestros corazones albergan el anhelo de ver coronada su vida con el reconocimiento de su santidad.

Ojalá que el Señor nos conceda la gracia de tenerlo como intercesor ante su presencia.

Informe: Adriana Romero

 

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Templete que resguarda  la casa natal de Esquiú, lugar declarado Monumento Histórico Nacional el 27 de agosto de 1935.

Para conocer la marcha de la causa dialogamos con su actual Vicepostulador, Fray Marcelo Enrique Méndez, hombre del norte argentino, de origen salteño.
Doctor en Teología, se desempeñó  en la Congregación para las Causas de los Santos en la Santa Sede durante varios años y tuvo el privilegio de trabajar junto con dos Papas, uno de ellos hoy santo: San Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Actualmente reside en Salta, es Capellán Castrense, Vicario en la comunidad  parroquial Madre de Dios, ubicada en la periferia de Salta, y desde hace poco más de un año tiene la responsabilidad de llevar adelante la causa de Fray Mamerto Esquiú, una misión que representa para él un honor y una alegría, además de una invitación a imitar las virtudes del fraile discípulo del Pobrecillo de Asís.
En el inicio de la charla mantenida vía telefónica desde la hermana provincia de Salta, Fray Marcelo Méndez manifestó que «mi nombramiento como Vicepostulador se realizó hace poco más de un año, y lo recibí con una gran alegría, porque se trata de un hermano de la orden. Aparte del gran honor que puedo tener, significa un llamado a imitar sus virtudes y tratar de conocer la figura de este hombre maravilloso, excelente fraile y obispo”.
Respecto del estado de la causa, comentó que «tiene todo un proceso y se inició hace muchos años con la declaración de Siervo de Dios, que es el momento en que el obispo diocesano, en este caso el Obispo de Córdoba, asumió la responsabilidad, por pedido de la orden franciscana, de iniciar el proceso. Después se estudiaron las virtudes ponderadas en grado heroico, cuando fue declarado Venerable”.
«La Venerabilidad -explicó- se alcanza cuando fueron aprobadas las virtudes en un grado heroico, porque todos estamos llamados a ejercitarlas, pero los que son candidatos para el honor de los altares, para la beatificación o la canonización, tienen que vivirlas en grado heroico. En el caso de Fray Mamerto hubo que examinar cada una de las virtudes tanto humanas, como teológicas, cardinales, que él las ha ejercitado en un grado supremo”.
En el avance del proceso, Fray Méndez manifestó que «para la beatificación se necesita un milagro y para la canonización, un segundo milagro, que haya sucedido durante la ceremonia de beatificación o después, no antes”.
En esa espera confiada del hecho prodigioso para su beatificación, el sacerdote franciscano dijo que «en estos momentos está en estudio un presunto milagro en Tucumán, que ya fue enviado a Roma, donde está siendo estudiado por los peritos en la Santa Sede, que siempre están pidiendo algún documento nuevo”.
También «hay otros dos posibles milagros en la ciudad de Catamarca. Los tres casos, tanto el de Tucumán como los dos de Catamarca, son temas físicos, médicos, no morales. El de Tucumán es de una niña y los dos de Catamarca son de personas mayores”, especificó.
El que se está analizando ahora «se dio hace un año más o menos; por eso hay que ver. Los médicos de la Santa Sede piden continuamente información, los estudios radiológicos, de laboratorio, fotos. Fue una cosa realmente rápida. Los médicos europeos y del mundo se maravillan sobre este tema, porque si alguien se cura de la enfermedad quedan secuelas, y la criatura está totalmente curada. Los que queremos a Fray Mamerto debemos tener paciencia. Tengo una esperanza muy grande”.
¿Falta el milagro porque no pedimos suficiente?
– La Sagrada Escritura dice que no se ama lo que no se conoce, y creo que hay que hacer conocer mejor la figura de Fray Mamerto. El milagro lo hace Dios y los santos son intercesores. Lo único que nos pide el Señor es que tengamos fe.
¿Qué le dice su corazón respecto de la beatificación?
– A veces no tengo miedo de ser demasiado optimista con el milagro que hemos presentado, porque las cosas se están dando bien. La Santa Sede y los médicos son muy parsimoniosos y flemáticos, no se expiden inmediatamente. Esto viene siendo examinado por una comisión internacional, no son solamente médicos, son profesores en Medicina designados en la especialidad sobre la que les toca discutir. El proceso es lento, por eso hay que hacerlo bien. Hay expectativas muy buenas, mucha esperanza”.
Esa esperanza es vivida de una manera especial por la comunidad franciscana, según el sacerdote salteño, «¡los frailes estamos felices, felices! Tengo que agradecer tanto, primero a Monseñor Luis Urbanc, en Catamarca, cada vez que he necesitado algo siempre está dispuesto, realmente, un obispo gaucho; y después al Provincial de la Asunción, quien ahora está en Roma, justamente preparé un informe sobre esto. Los frailes, incondicionales en lo que haga falta. Por la gracia de Dios, tenemos conventos en todos lados, eso también ayuda”.
«Dios es misericordioso y escribe derecho en renglones torcidos, quizás es éste un momento crucial cuando más necesitamos una figura tan grande como la de Esquiú, que Dios lo quiera realmente”, enfatizó Fray Marcelo.
Un pastor misionero
¿La figura de Esquiú es muy completa, qué aspecto destaca usted?
-La de pastor, es esencialmente la figura de un pastor misionero, de una gran humildad, un fiel discípulo de San Francisco de Asís, un hombre que ha rechazado en todo momento la adulación. Los sermones maravillosos que pronunciaba… cuando le preguntan si las ofensas no le llegaban, él respondía: ‘No hay necesidad de perdón donde no hay ofensa’. Qué grande esto de no sentirse tocado por la ofensa, se daba cuenta que era un hombre de Dios, que estaba cumpliendo su misión sacerdotal, su ministerio episcopal, era la figura de un buen pastor. Es un ejemplo de vida, de amor al prójimo.
Fueron sólo cuatro años de episcopado donde deja su vida, literalmente, pastoreando las ovejas que le habían sido encomendadas, volviendo de ese viaje cansador de La Rioja montado en un burro. Es la figura de un pastor misionero.
El Vicepostulador exhortó a que se difunda «esta figura maravillosa”, reiterando que «hay que hacer conocer a Fray Mamerto Esquiú. Creo que es una presencia sacerdotal muy importante para nosotros. Cuando era fraile, novicio, cuando entré al convento en 1977, conocimos a Fray Mamerto y decíamos, qué hombre maravilloso, todo el bien que nos ha hecho como argentinos… y nos va a hacer mucho bien”.
El camino a la santidad
* Siervo de Dios. «Se lo declara como tal cuando se presenta al obispo diocesano el pedido de poder elevar a los altares a una persona. El Obispo le consulta a sus pares de la región, a eximios sacerdotes y demás, y aprueba el inicio de la causa”.
* Venerable. «Es declarado como cuando una vez iniciada la causa, se hizo todo el proceso, se examinaron las virtudes, se escucharon los testimonios, se manda todo a Roma, y la comisión de teólogos del Vaticano o de históricos, como en este caso, porque es una causa histórica, lo examina. Una vez aprobado se presenta ante el Santo Padre, quien dice que se puede proceder con la declaración de la venerabilidad”.
«Los peritos vienen de todo el mundo, no tienen que ser católicos o cristianos. He trabajado en la Santa Sede durante 16 años, he visto médicos ateos, judíos, de otras religiones. Ellos tienen que expedirse sobre un hecho a nivel físico. Una vez que la comisión aprueba, pasa a una comisión de cardenales, arzobispos, teólogos, que dictamina todo de nuevo”.
* Beatificación. «Es una concesión que hace el Santo Padre a una diócesis concreta, a una congregación, o a una orden religiosa. Se alcanza este grado cuando ha sido aprobado un milagro. Después de la beatificación ya se le puede rendir culto”.
* Canonización. «Cuando es declarado santo. Para ello se necesita un segundo milagro aprobado. A diferencia de la beatificación, la canonización es para toda la Iglesia”.
Trabajar con los Papas
Fray Marcelo Méndez trabajó con dos Papas y fue alumno del actual Pontífice Francisco. » Me doctoré en Teología en 1992 y comencé a trabajar en la Santa Sede en 1993”, dijo.
Así definió brevemente su experiencia con los Sumos Pontífices:
San Juan Pablo II: «Al estar a su lado uno aprendía cada milésima de segundo todo lo que decía y hacía. Decía breves palabras llenas de sabiduría; ojos llenos de vida, su amor infinito, esa devoción y ese cariño a la Virgen”.
Benedicto XVI: «Un teólogo de primera clase. Con él uno también aprendía tanto. Un hombre muy humilde, lleno de sabiduría y al mismo tiempo de bondad, de silencio”.
Francisco: «Al Papa argentino lo conozco muy bien. Fue mi profesor por 8 años en Buenos Aires… y ya en Roma venía seguido a mi oficina. Un hermoso y maravilloso recuerdo del actual Papa”.
El orador sagrado
Fray Marcelo Méndez, dijo que «la Santa Sede examinó el famoso discurso Laetamur de Gloria Vestra, del 9 de julio de 1853, con motivo de la jura de la nueva Constitución de los argentinos. Ahí hay aspectos religiosos, también políticos, jurídicos, sociales, patrióticos. Tuvo siempre presente a Dios, ve al prójimo como la razón de la salvación y a la sociedad en relación con el bien común. Tenía nada más que 27 años cuando lo hizo, una maravilla. Estamos un poquito lejos de él. Esta figura nos hace bien a todos, a los frailes, a los curas, a los obispos, a los políticos”.
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«Con esto de la Constitución del ‘53 nos ha legado su interés por la unidad, si los argentinos entendiéramos qué importante es ser unidos. Dios es principio de unidad, creo que tenemos que buscar más las cosas que nos unen y no las que nos separan”, reflexionó.
Corazón robado
El corazón de Esquiú, que se había mantenido incorrupto, fue robado en dos oportunidades, la primera vez sucedió el 30 de octubre de 1990 y la otra, el 22 de enero de 2008.
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Sobre ello afirmó: «No tenemos más el corazón, físicamente hablando, de Fray Mamerto, pero su corazón quedó en el recuerdo de todos los argentinos, de los norteños y, particularmente, de los catamarqueños. Pienso que los catamarqueños deben tener presente ese amor y ese corazón grande que Fray Mamerto tuvo por todos nosotros”.
El  Obispo  Esquiú y el Cura  Brochero
José Gabriel Brochero nació el 16 de marzo de 1840 en Villa Santa Rosa, departamento de Río Primero y falleció en Villa del Tránsito, una localidad que hoy lleva su nombre, el 26 de enero de 1914.
Fray M. Esquiú nació el 11 de mayo de 1826 en La Callecita del viejo departamento Piedra Blanca y murió el 10 de enero de 1826. ¿Esquiú y Brochero se conocieron?, se preguntarán muchos. No sólo se conocieron sino que el Cura Gaucho se formó con la palabra y el ejemplo del fraile catamarqueño.
El 1 de enero de 1881, con toda la humildad que lo caracterizaba, Fray M. Esquiú hizo su entrada en la ciudad capital de Córdoba, siendo su trigésimo primer obispo y quien marcaría un nuevo rumbo para aquella diócesis.
Esquiú fue el obispo que dio ejemplos de humildad, no frecuentes en las altas dignidades eclesiásticas de entonces; fue el primero que recorrió toda la extensa geografía visitando los curatos, misionando y tomando contacto directo con los fieles pero también con las enfermedades, conociendo la cruda realidad y curando las necesidades materiales y espirituales del pueblo cordobés.
Es casi seguro que en aquellas largas misiones evangélicas que Mamerto realizaba por el interior de la provincia mediterránea haya tomado contacto con el Cura Brochero.
Pero donde hay pruebas documentales de que sí se conocieron es cuando el obispo Esquiú tomó la determinación de impartir a todo el clero de la diócesis, dos tandas de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, que se realizaron en una casa que por aquellos días estaba a cargo de las Religiosas Esclavas, congregación fundada por el canónico doctor David Luque.
José Antonio Cambria, en su libro «Un santo camina la Villa”, dice que «estos cursos buscaban el perfeccionamiento de la vida eclesiástica y tenían la presencia de religiosos de la ciudad y del interior. De las sierras solía bajar el clero en gran número acompañados del famoso cura gaucho y filántropo canónigo Brochero”.
Estos cursos tenían una duración de semanas y algunos de meses, lo que llevó a que estos dos grandes religiosos fortalecieran vínculos y compartieran amenas charlas durante el año 1882.
Pocos meses después la salud de ilustre fraile catamarqueño se debilitó, pero aun así siguió recorriendo la diócesis, solucionando sus problemas y predicando con su ejemplo. En uno de esos viajes entregó su alma a Dios.
A 191 años de su natalicio, la beatificación de Esquiú es uno de los grandes anhelos de millones de devotos en nuestra provincia, en el país y en América Latina.
Pero, ¿los catamarqueños estamos preparados, material y espiritualmente, para cuando llegue ese ansiado momento? ¿Deseamos fervientemente tenerlo en los altares? ¿O será que nuestra tibieza e indiferencia hacia su virtuosa vida están retrasando su beatificación? Cada uno de nosotros en su interior conoce estas respuestas.
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