La advertencia alcanza a regiones remotas, pero sus efectos se extenderían mucho más allá de las montañas y de los extremos del planeta.
Menos hielo significa cambios en la disponibilidad de agua, mayor exposición a inundaciones costeras y un aumento del nivel del mar que afectará a comunidades de distintos continentes.
El hielo del planeta ya enfrenta un nivel de calentamiento peligroso
La llamada criosfera reúne toda el agua congelada de la Tierra: glaciares de montaña, hielo marino, mantos de Groenlandia y la Antártida, nieve, suelos permanentemente congelados y lagos o ríos helados. Es una parte decisiva del sistema climático porque refleja la radiación solar y regula reservas de agua que abastecen a poblaciones enteras.
Según una de las evaluaciones, el mundo ya se calentó 1,37 ℃ respecto de la era preindustrial. El servicio europeo Copernicus estima que el umbral de 1,5 ℃ podría rebasarse cerca de 2030. Para los autores, la distancia entre la situación actual y ese límite no debe interpretarse como un margen de seguridad para el hielo.
El informe advierte que el nivel de calentamiento actual ya es peligroso para el Ártico, la Antártida, los glaciares de montaña y los océanos polares. Aunque las temperaturas globales bajaran luego de un período de exceso, buena parte de la recuperación tomaría décadas o siglos.
La pérdida de hielo ya puede medirse en algunos lugares. En Suiza, por ejemplo, los glaciares perdieron cerca del 20 % de su masa. En otras regiones montañosas, la reducción altera el caudal de ríos que dependen del deshielo estacional y modifica la estabilidad de laderas y lagunas glaciares.
El deshielo puede afectar el agua, las costas y la estabilidad de las montañas
La disminución de los glaciares presenta una paradoja para las poblaciones que viven aguas abajo. En una primera etapa, el deshielo puede elevar los caudales y aumentar el riesgo de aludes e inundaciones. Con el tiempo, cuando las reservas de hielo se reducen, esos mismos ríos pueden llevar menos agua en las estaciones secas.
El retroceso del hielo marino y de los mantos polares también acelera el calentamiento. Las superficies blancas devuelven parte de la energía solar al espacio; al desaparecer, quedan al descubierto zonas más oscuras de océano o tierra, que absorben más calor. El proceso contribuye a que las áreas polares se calienten con rapidez.
En las costas, la preocupación se concentra en el ascenso del mar. El segundo documento planteó que, si el calentamiento supera 2,8 ℃ durante el próximo siglo, el nivel del mar podría aumentar hasta cinco centímetros al año hacia 2150. La tasa actual es de unos 0,45 centímetros anuales.
Un incremento de ese ritmo obligaría a reforzar defensas costeras, modificar infraestructuras y, en algunos casos, evaluar traslados de población. Las consecuencias serían especialmente sensibles para islas bajas, deltas densamente habitados y ciudades que ya sufren inundaciones durante mareas altas o tormentas.
El permafrost podría sumar emisiones que agraven el problema
Otro foco de preocupación es el suelo que permanece congelado durante al menos dos años consecutivos. Se encuentra en amplias zonas del norte de América, Europa y Asia, y almacena grandes cantidades de materia orgánica. Cuando se descongela, esa materia puede liberar dióxido de carbono y metano, dos gases que retienen calor en la atmósfera.
De acuerdo con el informe, un escenario de fuerte calentamiento podría hacer que el permafrost emita cada año una cantidad de dióxido de carbono comparable a la de Estados Unidos, señalado como el segundo mayor emisor mundial. Además de las emisiones, el deshielo del suelo daña carreteras, edificios, tuberías y otras obras construidas sobre terreno antes estable.
Los científicos destacan que existen puntos de inflexión en los que ciertos cambios pueden continuar por su propia dinámica, aun si después se reducen las temperaturas. Esa posibilidad explica por qué el tiempo de exposición por encima del umbral importa tanto como el valor máximo que alcance el calentamiento.
Reducir los combustibles fósiles sigue siendo la vía para limitar las pérdidas
El glaciólogo James Kirkham, autor principal del informe, resumió la advertencia con una frase directa: “No hay resultados positivos en superar los 1,5 ℃”. A su juicio, cada fracción adicional de grado y cada año de exceso aumentan los daños asociados a la pérdida de hielo.
“Para contener las consecuencias y los daños globales derivados de la pérdida de hielo en las regiones polares y montañosas del mundo, es necesario reducir al mínimo absoluto el exceso de hielo”, agregó.
También afirmó: “El hecho de que el aumento de la temperatura supere temporalmente los 1,5 °C no significa que los objetivos del Acuerdo de París sean irrelevantes, sino que, por el contrario, los hace más urgentes”.
“Volver a un aumento de temperatura de 1,5 °C o menos para el año 2100 sigue siendo posible con suficiente ambición política y urgencia, concretamente acelerando la transición para abandonar el uso de combustibles fósiles y alcanzar las emisiones netas cero a mediados de siglo”.
El oceanógrafo y climatólogo Matthew England, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, señaló que algunos glaciares y extensiones de hielo marino podrían recuperarse parcialmente si el aumento de la temperatura se reduce a menos de 1,5 ℃, e incluso cerca de 1 ℃. Sin embargo, remarcó que ese proceso no sería inmediato.
Para el investigador nepalí de glaciares Gunjan Silwal, las decisiones de los próximos años definirán la dimensión de los daños. El especialista recordó los derrumbes de montañas y glaciares registrados en agosto, que dejaron más de 1.400 muertos y más de 5.000 desaparecidos, como una señal de los riesgos que enfrentan las regiones de alta montaña.