El arranque no dio tregua ni margen para acomodar las ideas. Un córner corto en contra, tempranero y amenazante, amagó con torcer el guion desde el vestuario; sin embargo, la templanza y el cierre quirúrgico de Sofía Toccalino bajo la presión sofocante sirvieron como antídoto para enfriar el pánico y devolver la tranquilidad al bloque nacional. Con el peso y la certeza del triunfo de Países Bajos ante Bélgica ya sobre la mesa -esa espuela invisible de saber exactamente cuál era el premio en la cima del cuadro-, Argentina fue asentando las piezas en la cancha.
El primer cuarto discurrió en esa tensión callada del ajedrez de alto nivel: quince minutos de tanteo, estudio y medición de distancias donde nadie regó un metro de sintético. Tuvo que ser Brisa Bruggesser quien rompiera la monotonía sobre la campana, desenfundando un latigazo de revés que hizo trabajar de verdad a la arquera oceánica en la primera gran pincelada de peligro.